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Yo antes recorrdaba, ahora vislumbro.
Yo antes recordaba, ahora invento.
Inventar es maravilloso, es como ir modificando una anécdota para volverla cada vez más atrapante, son recursos absolutamente válidos.
Basta de atarnos a recordar lo que verdaderamente pasó, sobre ¿Quién nos obliga a tener que ceñirnos a la realidad como si fuera que estamos testificando ante un juez? Terminemos con semejante pavada.
La anécdota es un género narrativo, hagámosle los honores correspondientes, agreguemos, llenemos de ornamentos nuestra vivencia magra, en la primera vez que la contaste eran dos tipos lo que te desafiaban ¡Que sea una banda de motoqueros armados! ¿Qué nunca antes mencioné lo de la cebra? Se me habrá pasado, pero había una cebra y tenía un cuerno acá en el medio de la sabiola, si, como Silvio Rodriguez, no no… digo como el tema de Silvio Rodriguez, no que Silvio tiene un cuerno, al menos no que yo sepa, pero viste como es el control de información en Cuba, uno no puede saber esas cosas aunque quiera… como te decía había 8 cebras cornudas y los motoqueros….
Borges cuenta de un tipo que, al contar una historia, “lo hizo con períodos tan cabales y de un modo tan vívido que comprendí que muchas veces había referido esas mismas cosas, y temí que detrás de sus palabras casi no quedaran recuerdos”.
a mí me parece que inventamos todo el tiempo, o sea, que inventamos-creamos las cosas que nos pasan y que después, cuando queremos volver a ellas con la memoria en tal caso las re-inventamos… sí, para mí que “recordar” es reinventar, sí…
Pancho sigue en el baño intentando romper el reciente record?
Fran, eso es deducir.